miércoles, 1 de diciembre de 2010

HISTORIADORES DE MEXICO!!!!!!!!!!

ALFONSO CASO


Entre sus grandes descubrimientos sobresalen la ciudad prehispánica de Monte Albán, con su magnífica Tumba 7, y varios sitios en la Mixteca, como Yucuita, Yucuñidahui y Monte Negro, en Tilantongo. Producto de esos descubrimientos fue una gran cantidad de libros, artículos, reportes, conferencias y literatura popular, que aún son necesarios para el estudio de las culturas mesoamericanas, sobre todo de la zapoteca, la mixteca y la mexica.
Don Alfonso Caso fue especialmente importante en las investigaciones del área cultural de Oaxaca; a partir de 1931, y por más de veinte años, se dedicó al estudio de Monte Albán, sitio al que encontró convertido en terrenos de cultivo, con mogotes llenos de vegetación añosa. Gracias a su laboriosa actuación, en la que recibió la ayuda no sólo de otros arqueólogos sino de muchos técnicos y particularmente de jornaleros que vivían y aún viven alrededor de este majestuoso lugar, pudo descubrir completamente más de veinte de los cientos de edificios y la más monumental de las plazas que configuran los restos de esta enorme ciudad prehispánica. Igualmente importantes son las 176 tumbas que exploró, pues mediante su estudio logró descifrar el sistema de vida de los pueblos zapoteco y mixteco, esto sin contar con los innumerables edificios de otros sitios hacia los que extendió su proyecto central, en el área mixteca y la zona arqueológica de Mitla, en el Valle de Oaxaca.
El doctor Caso es considerado el representante de una corriente de pensamiento llamada escuela mexicana de arqueología, que significa el conocimiento de las altas culturas mesoamericanas a través del estudio sistemático de sus diferentes manifestaciones culturales, como son la arqueología, la lingüística, la etnografía, la historia y el estudio de las poblaciones, todas integradas para entender la profundidad de las raíces culturales. Esta escuela creyó en el valor de la reconstrucción de la arquitectura monumental de aquellas culturas, con el objetivo de conocer a profundidad y hacer evidente la historia de nuestros antepasados, especialmente ante los ojos de los jóvenes modernos. Para ello se basó en estudios serios de diferentes expresiones, como la arquitectura de templos, palacios y tumbas, la cerámica, los restos humanos, los libros sagrados, los mapas, los objetos de piedra y otros materiales, a los que Caso llegó a interpretar después de muchos años de estudio.
Una de sus aportaciones más importantes fue el desciframiento del sistema de escritura de las culturas prehispánicas de Oaxaca, llegando a comprender los jeroglíficos que usaron los zapotecos desde el año 500 antes de nuestra era, para nombrar a las personas, para contar el tiempo y para narrar sus conquistas, en complicados textos tallados en grandes piedras. Tiempo después, hacia el año 600 de nuestra era, con ese sistema de escritura contaban sobre todo sus violentas incursiones en los pueblos, sacrificando a algunos y tomando cautivos a sus dirigentes, todo ello para asegurar la supremacía del pueblo zapoteco, cuya capital era Monte Albán.
Asimismo, interpretó el sistema de escritura mixteca, cuyos pueblos plasmaron en libros hechos con piel de venado y pintados con colores brillantes, para narrar los mitos sobre sus orígenes, su procedencia de la tierra y de las nubes, de los árboles y de las rocas, y complicadas biografías –entre reales y míticas– de los personajes importantes, como sacerdotes, gobernantes y guerreros de esos pueblos. Uno de los primeros textos en descifrarse fue el Mapa de Teozacoalco, a partir del cual el doctor Caso logró establecer correlaciones entre el calendario antiguo y el de uso cotidiano de nuestra cultura, además le permitió ubicar geográficamente la región que habitaron los mixtecos o ñuusavi, los hombres de las nubes.
No sólo Oaxaca ocupó la atención académica de Caso, también estudió la cultura y la religión de los aztecas y se convirtió en uno de sus principales peritos. Descifró muchas de las famosas piedras grabadas que representaban a las deidades del México central, como la Piedra del Sol, que había sido la preocupación de muchos otros estudiosos de las épocas anteriores. Caso encontró que también se trataba de un sistema calendárico, parte de la cultura mexica en cuya raíz se encuentran sus mitos de origen. También descifró límites de territorios y una gran cantidad de eventos que involucraban a los dioses de lo que él llamaba el Pueblo del Sol, el pueblo mexica, que controló en gran medida los destinos de los demás pueblos mesoamericanos en una época cercana a la conquista hispana.
La arqueología de México le debe mucho a don Alfonso Caso, ya que, como el gran visionario que fue, fundó las instituciones que aseguraban la continuidad de los estudios arqueológicos, como la Escuela Nacional de Antropología, en la que formó a una gran cantidad de estudiantes, entre los que se cuentan los nombres de arqueólogos y antropólogos de la talla de Ignacio Bernal, Jorge R. Acosta, Wigberto Jiménez Moreno, Arturo Romano, Román Piña Chan y Barbro Dahlgren, sólo por mencionar algunos; y la Sociedad Mexicana de Antropología, orientada a propiciar el intercambio constante de ideas entre los científicos enfocados al estudio del hombre.
Caso también fundó aquellas instituciones que aseguraban la protección del patrimonio arqueológico de los mexicanos, como el Instituto Nacional de Antropología e Historia y el Museo Nacional de Antropología. Sus estudios de las antiguas culturas le hicieron valorar a los indígenas actuales que luchan por su reconocimiento en el México de hoy. Para su apoyo, fundó el Instituto Nacional Indigenista, organismo que aún dirigía poco antes de morir en 1970, en su afán de revalorar, como él decía, “al indio vivo, a través del conocimiento del indio muerto”.
En nuestros días, las instituciones que Caso fundó aún persisten en el centro de la política cultural nacional, como una muestra de la visión extraordinaria de este científico, cuya única misión, como él mismo reconocía, era la búsqueda de la verdad.
JUSTINO FERNANDEZ

El 28 de septiembre de 1904 nació en la ciudad de México, Justino Fernández hijo del licenciado Justino Fernández Mondoño -uno de los constituyentes de 1857- y de la señora Sergia García, hermosa dama oriunda de Valladolid, España. Estudió Fernández la primaria en el Colegio Francés de la Perpetua. La efervescencia de la Revolución lo llevó a los Estados Unidos. Regresó a México en 1923 cuando surgía avasallador el movimiento que revivía la pintura mural mexicana y el estudio. Y la difusión del muralismo y de su más destacado representante, José Clemente Orozco,  lo embargaría parasiempre. Varios fueron los trabajos que, obligado por las circunstancias hubo de desempeñar don Justino y, al inicio de su carrera,  el de dibujante de arquitectura. Alumno del distinguido maestro, investigador, historiador y crítico de arte Manuel Toussaint, al convertirse en 1936 el Laboratorio de Arte de la Universidad Nacional Autónoma de México a Instituto de Investigaciones Estéticas, pasó a formar parte del mismo, como -ayudante del Director, Manuel Toussaint. 
Consagró su vida al Instituto y a la Universidad desde 1936, y hasta su muerte acaecida el 12 de diciembre de 1972. A la muerte del maestro Toussaint (22 de noviembre de 1955) fue designado Director interino del Instituto y un año más tarde Director titular, cargo que desempeñaría hasta 1968. En 1969, el Consejo Universitario lo nombró investigador Emérito. En 1969 recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes. De 1970 a 1972 fue miembro de la Junta de Gobierno de la Universidad Nacional Autónoma de México. Fue electo Académico de Número de la Academia Mexicana de la Historia, Correspondiente de la Real de Madrid en 1965 y fue Miembro fundador de la Academia Nacional de Artes, Perteneció también a otras famosas sociedades nacionales y extranjeras y recibió muchas distinciones. 
En la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autó-noma de México, profesó por más de treinta años la cátedra de Historia del Arte Moderno, contribuyendo a formar varias generaciones de brillantes investigadores y maestros. En el Instituto de Investigaciones Estéticas pudo cumplir con su vocación: la crítica y la historia del arte mexicano, tarea que llevó a cabo con un riguroso método histórico, en búsqueda de la esencia del ser histórico de México para integrarlo al arte universal. Partiendo del  Arte Moderno de México  y pasando por  Prometeo, Ensayo de Pintura Contemporánea, José Clemente Orozco. Forma e Idea. El Arte del Siglo XIX en México, Justino Fernández llegó a la cúspide de sus trabajos con una obra magna: Estética del arte mexicano. Coatlicue, El Retablo de los Reyes y El hombre en llamas, trilogía fundamental para la historia y la crítica de la expresión artística mexicana y paradigma y modelo de la crítica de arte. En esta obra, primera historia de  las ideas, su inquietud lo allegó al mundo del México antiguo para descubrir los arcanos de la diosa madre Coatlicue, imagen y dinamismos cósmicos esculpidos en la piedra. 
Cautivado desde su infancia -cuando con su madre asistía a misa en la Catedral Metropolitana- por el arte novohispano. Estudió y analizó la esplendorosa iconografía del retablo de los Reyes.  Y en una luminosa aproximación al arte mexicano y universal, señaló en el "Hombre en llamas" de José Clemente Orozco, los símbolos de la grandeza y el trágico discurrir y el destino humano en los tiempos actuales. La novedosa y original senda que le dio a su quehacer crítico y la hondura filosófica de su extensa obra, hacen de Justino Fernández uno de los más clásicos en la historia y en la crítica del arte, y también de la cultura mexicana.


POST NAPOLEON!!!

1. El Congreso de VienaLuego de la primera abdicación de Napoleón, los países vencedores –Gran Bretaña, Austria, Prusia y Rusia- procuraron borrar de Europa la experiencia de la Revolución Francesa. Por ello en 1814 se reunieron en Viena los representantes de los Estados europeos con el fin de establecer un nuevo orden político.
El Congreso se guió de dos principios:
· Principio de legitimidad
: se manifestó en la reposición en sus tronos de todos los monarcas depuestos por la Revolución y Napoleón.
· Principio de equilibrio
: se concretó en un reparto proporcional de territorios entre las potencias vencedoras.
Presidió el Congreso de Viena el canciller austriaco Klemens von Metternich, y asistieron Francisco I por Austria, Federico Guillermo III por Prusia, Alejandro I por Rusia, Lord Castlereagh por Gran Bretaña, y Talleyrand por Francia. El ministro francés, gracias a su habilidad, consiguió varios éxitos para Francia pese a su derrota.
El resultado fue un nuevo mapa del continente europeo, con el que se pretendía asegurar la paz y la estabilidad. Francia retrocedió a sus fronteras de 1789, y se crearon pequeños Estados para impedir cualquier tipo de expansión francesa. Gran Bretaña, que mantenía su poderío naval, se convirtió en la gran potencia. Tras la derrota definitiva de Napoleón en Waterloo, los acuerdos del Congreso se hicieron efectivos.

2. El regreso del absolutismo
 
Los monarcas a quienes el Congreso de Viena devolvió sus tronos, abolieron las Constituciones que habían promulgado los revolucionarios y volvieron a implantar el absolutismo político. Es decir, sustituyeron el sistema de gobierno basado en la soberanía nacional y de la división de poderes por el sistema anterior, que se fundamentaba en el derecho divino de los reyes. A lo sumo, algunos monarcas –como Luis XVIII en Francia- promulgaron Cartas Otorgadas que reconocían algunos derechos individuales y establecían cámaras representativas, pero como una concesión del rey y no como reconocimiento de un derecho de la sociedad.
El orden político absolutista de la época se llamó “Sistema Metternich”, nombre dado en honor del canciller austriaco que fue su máximo impulsor y defensor.
Luego de concluido el Congreso de Viena, las grandes potencias absolutistas, Rusia, Austria y Prusia firmaron en 1815 el Tratado de la Santa Alianza, a la que se unieron posteriormente Francia y España. El acuerdo, pretendía mantener el statu quo
 establecido en el Congreso e impedir, cualquier intento revolucionario. La Santa Alianza nunca jugó un papel político importante.
Años más tarde, en 1818, Gran Bretaña, Austria, Rusia y Prusia conformaron la Cuádruple Alianza, a la que luego se unió Francia, con la finalidad de evitar nuevos movimientos revolucionarios o bonapartistas en ese país.
Sin embargo, las fisuras en el orden restaurado no tardaron en manifestarse: en 1820 estallaron en Italia y España movimientos liberales. Para hacerles frente, Metternich propuso el establecimiento del principio de intervención
, que daba el derecho a las grandes potencias de enviar tropas con la finalidad de restablecer a los monarcas legítimos en sus tronos. Aunque Gran Bretaña rechazó este principio, las potencias restantes actuaron militarmente en donde fuese necesario. Un ejemplo fue su intervención en España en 1823 para poner fin al régimen liberal de 1820.
La restauración del absolutismo era una tarea imposible, pues suponía una política opresiva para la mayoría de la población, ya que se planteaba en un contexto en el que los avances de la Revolución Industrial modificaban profundamente las condiciones de vida de las clases populares, y daban origen a las burguesías y clases medias, que luchaban por participar con plenos derechos en la vida pública.

3. Las nuevas clases sociales
Durante la Revolución Francesa fueron suprimidos los privilegios que gozaban la aristocracia y el clero, y surgió una nueva sociedad en la que todos los hombres eran iguales ante la ley. Tendrían la posibilidad de ocupar puestos públicos –según sus méritos-, y contribuirían a los gastos del Estado en proporción a su riqueza.
Sin embargo, la sociedad europea en la práctica continuó siendo profundamente desigual y llena de barreras, dado que las riquezas no estaban repartidas de forma homogénea. Sin riquezas, la educación se convirtió en la vía más importante de promoción social, aunque debía sortear muchas dificultades. Tres clases sociales fueron los grupos básicos en la nueva sociedad:
· La clase alta 
estaba compuesta inicialmente por la unión de la antigua aristocracia –que había perdido sus privilegios legales, pero no sus propiedades- y los individuos de la alta burguesía, enriquecidos por las actividades industriales, comerciales y financieras.
· La clase media
 constituía un conjunto bastante heterogéneo, con personas de muy distinto poder económico y formación cultural: comerciantes, pequeños empresarios, empleados y profesionales. No obstante, compartían algunos valores como el afán por alcanzar la respetabilidad, el culto al trabajo, el ahorro y la sobriedad.
· La clase baja
 se caracterizó por su carencia de propiedad y por la necesidad de trabajar a cambio de un salario para poder subsistir. La mayoría eran obreros que trabajaban en las nuevas fábricas, pero también personas dedicadas al servicio doméstico, etc. Su vida transcurría, la mayoría de veces, al borde de la mera subsistencia.